miércoles, 1 de octubre de 2008


Sí, es cierto: reconozco que estoy un poco vago para escribir, pero las condiciones que originaron este blog, el contexto, ya no es el mismo. Por suerte ha escampado (creo que definitivamente), y además tengo un trabajo en el que escribo todo el tiempo.

Pero eso no impide seguir leyendo, ni que se me pasen las ganas de publicar, ni vivir al margen de las cosas que pasan. Y acerca del "margen" trata este post, de eso que hacemos todo el tiempo, que se debate entre el placer, los tabúes, y la responsabilidad. Cosas que saltan a "la centralidad", y que son recortadas por los medios como si fueran hechos aislados, individuales.

Ya había publicado (en realidad la recomendé) una nota de opinión de Martín Caparrós en el diario "Crítica de la Argentina", acerca de un tema diferente al de ahora. Bueno, con el permiso de ustedes o sin él pienso reincidir asquerosamente.

¿Hacen falta motivos? Me gusta como escribe Caparrós, lo considero uno de los tipos más lúcidos del país, leo "Crítica", y coincido con lo que dice.

En este caso se refiere al caso de un par de chicos de un secundario de Paraná que fueron dejados al borde de la expulsión porque se filmaron mientras ella felaba al muchacho. Además, no van a renovarle la matrícula para el año que viene.

Me gustó la opinión de Caparrós, y la recomiendo, porque va un poco más allá de la "moralina" que inunda práticamente todos los medios, y está sólo referida a la sanción (o al pete, que es peor). Les dejo un pedacito: si quieren leerla toda, clic ACÁ para ir al sitio de "Crítica Digital".


"Son casos claros de esputo ascensional, personas que se joden la vida por mostrarla: por tratar de ponerse a la altura de los tiempos que exigen 15 minutos de la fama que sea. Es fácil conseguirla: todos tenemos cámaras. Que, al filmar, proyectan una paranoia moralista: si todo se registra habría que cuidarse, vivir sabiendo que te miran. Es un viejo recurso represivo: según las religiones, puede llamarse KGB, Gran Hermano, Nuestro Señor, Ojo del Amo. Lo original es, si acaso, haber conseguido que las víctimas se filmen a sí mismas, se denuncien: las religiones siempre se perfeccionan".

Disculpen que esté vago, y gracias por los comentarios (los de acá, el MSN, y diversos contextos).

martes, 9 de septiembre de 2008

Colisionador de Hadrones




Y quizás ni siquiera termine de escribir esto que el mundo ya se fue a la mierda. Es cierto, me quedan cosas por hacer: todavía no lavé la ropa, el plato de fideos está a la mitad, el blog luce abandonado, y mañana me voy a despertar tan sólo como hoy. Pero la verdad es que no me siento en deuda con nadie, y eso ya es algo bueno. Cada tanto, padecer el rigor de saberme perdedor, y asumir que no hay deudas que me agobien me llena de energía. Una cagada estar pilas solamente hoy.

Lo que realmente me apena de este final inminente de nuestro horrible planeta es ser víctima de una partícula subatómica mareada, sometida a los embrujos de algún científico perverso que la larga en contramano por un tubo, para que se enfrente a sus pares (en bolas como los indios). Según nuestros queridos popes del conocimiento, esto es para comprobar la existencia de alguna leyenda inexplicable, producto (onanista) de esas locas y largas noches con las que vibran de emoción los sabios contemporáneos, mezcla de tutucas, calabozos y dragones, un disco de Cher, y los delirios poco sustanciosos de otros trasnochados iguales.

Ellos prefieren el término "Comunidad". Parece que no pueden escapar de los sitios de fantasía: es más, cren que son reales, y por eso toman el nombre de alguno de los libros de Tolkien. Pero lo alteran poniéndole el rótulo perteneciente a alguna de las ramas filosóficas supervivientes, el cual resume un complejo entramado semiótico de mentiras consuetudinarias en el que un conjunto de trasnochados que se esconden detrás de un par de culibotéllicos anteojos se han puesto de acuerdo.

El que quiera chequearlo, está en libertad de hacerlo: sólo está compuesto por partes más pequeñas, cuyos nombres parecen inventos de la frondosa imaginación del sudafricano. De certezas, nada. Y sin embargo tienen el poder de mandarnos al infierno imperceptiblemente.

Antes del final, le quiero recordar a los infelices que me incitaron a ahorrar energía eléctrica, manejar con cuidado, comer menos grasa, evitar las drogas, huir de las malas compañías, temerle a la revolución, cuidar la puta capa de ozono, y otras recetas mágicas con las cuales ibamos a tener Tierra para rato que son unos estupendos chamanes. Les creímos (les creí). Los adoramos como a dioses (dudé el último tiempo, pero lo hice). Les dimos plata, y los dejamos hacer.

Pongan esa máquina a andar de una cochina vez, y acaben con esto. Por lo menos tengan el buen gusto de abrir un agujero negro mientras duermo, para evitarme la horrible sensación que tengo todos los días cuando mi alma vuelve apresuradamente a habitar un cuerpo que se despierta saboreando la amarga soledad.

Eso sí: si no me matan esta noche, escondanse. Se van a hartar de verme feliz. Lo mejor puede estar empezando sin que nos demos cuenta (y así es más agradable).


(¡BOOM!)

miércoles, 20 de agosto de 2008

La mesa chica


Las paredes amarillentas del bar concordaban poco con el look de las personas sentadas en la única mesa disponible. Todo parecía deslucido, como si estuviera atrasado 30 años y fuera producto de una fiesta de hippies en decadencia. Salvo la única mujer, el resto eran hombres vestidos de traje sport, color gris o beige.

Julio, el de bigotes espesos, fué el primero en hablar:

- Cristina, ¿otra vez trajiste al pelotudo este? ¿Cuántas veces te voy a repetir que él ya no tiene nada que ver con nosotros?

Cristina, la única dama de la mesa, tenía los pómulos colorados por el excesivo rubor con el que se pintarrajeaba. Pero eso no fué un obstáculo para que los colores de su cara recorrieran el espectro cromático completo. Néstor (según Julio, "el pelotudo ese") la tomó tiernamente del brazo: contaba con la experiencia suficiente como para saber que a Julio no había que seguirle demasiado la corriente. Quien nada conocía de todo esto era Sergio, el más jóven de todos, y lo dejó transparentar con la ingenuidad de su pregunta:

- ¿Aníbal no viene?

- Nunca se sabe -dijo Cristina, aprovechando la falta de cintura de Sergio para cambiar de tema-. Ese fumanchero de mierda seguro que se colgó escuchando a Los Redondos.

- Otro pelotudo que no vale dos pedos -agregó Julio, mientras se limpiaba un resto de mayonesa que tenía en los bigotazos con un billete de 50 pesos.

- Vojsh no queréjsh a nadie -dijo Néstor, medio en serio y medio en joda.

Ese tono falto de solemnidad era uno de los tantos motivos que molestaban a Julio. Sin embargo, eso nunca lo había perturbado antes, cuando los tiempos fueron dulces para hacer dinero sin que nadie se interrogue por los faltantes. Ni por las dudosas compañías.

- No nos queda mucho -musitó Julio, como contestándole a Néstor-. Guillermo ya tiene una pata afuera. Hoy no quiso venir, estaba demasiado ocupado borrando pruebas. Faltaría que después de todo el esfuerzo que hicimos alguien se de cuenta de todo.

- Por Guillermo no te preocupes, con algo puede zafar -comentó Cristina-. El problema grande lo vamos a tener nosotros si no se nos ocurre nada.

- Yo estuve pensando que... -intervino Sergio, pero no pudo terminar.

- ¡Callate, forro! -gritó Julio, quien al ponerse de pie para insultar a Sergio dejó ver una mancha amarillenta en el pantalón marrón-. Sos un suplente, nada más que un suplente.

- No seas así, infeliz. Él viene a ayudarnos -dijo Cristina, para intermediar.

La mujer no pudo resistir hacer la pregunta que temblaba en la boca de todos:

- ¿Te measte, Julio?

- ¿Vos también, conchuda? ¡No tengo porqué decirte un carajo!

- Dale, tirifilo -agregó Néstor, medio en serio y medio en joda-: ¿Te meajshte?

Ahora parecía que sí tenía quedar explicaciones. Pero en el contexto de la mesa chica no había que demostrar debilidad, más bien lo contrario. Todos tenían un muerto en el ropero, pero para eso vivían, para esconderlo, porque cualquier error admitido podía significar la salida de ese fascinante y adictivo mundo de los negocios turbios.

- Para ser sincero -explicaba el de bigotes a lo charro, mientras volvía a tratar de encontrar esa mueca estoica que lo caracterizaba ante quienes no lo conocían-, me senté arriba de una fuente de gelatina.

A Cristina le brillaban los ojos. Ella mandaba en los papeles, y tenía que hacérselo saber:

- ¿Ahora quién es el pelotudo?

Julio tragó una saliva amarga, se había descuidado mucho: cuando uno discute con la jefa tiene que tener como mínimo un aliado. Sergio, que había quedado con los ojos como dos huevos fritos por la innecesaria violencia desplegada en una discusión intrascendente, intentó cambiar de tema:

- Decía, yo estuve pensando que por ahí, si usamos un concepto que no sea tan concreto... -pero, nuevamente, no pudo finalizar su idea.

- ¡Cajshate, forro! -lo cortó Néstor en seco, pero en el acto comenzó a reirse estrepitosamente, con carcajadas que sonaban como a una corneta trabada en una amasadora de pan.

Cristina lo emuló velozmente, con una risita cortita y estridente. En seguida se sumó Julio, como aceptando la derrota, y reclamando silenciosamente una tregua para su mal disimulada incontinencia urinaria.

Sergio sonrió con la mitad de su boca. Por unos instante se relajó pensando en que esas noches de insomnio habían valido la pena: con la falta de sueño vienen las canas, y junto a ellas la lucidez. El más jóven era ambicioso, y sabía que nadie le iba a regalar nada. No era más que un comodín colocado en su lugar para desplazar a otro fusible quemado. Lo dejaban participar de la mesa chica porque creían que no iba a molestar.

Quizás el resto veía a Sergio con los mismos ojos que miraban el sifón de vidrio verde que se encontraba en el medio de la mesa del viejo bar, el cual estaba ahí desde antes que ellos llegaran.

El de bigotes largó un chorro de soda caliente sobre la cara de un Julio Argentino Roca que lo miraba con fingida inocencia desde un billete de 100 mangos. Intentó lucir interesado en la propuesta de Sergio. Mientras se limpiaba el manchón con olor ácido del pantalón, lo miraba fijo, con esos ojos de buitre que lo habían caracterizado desde que dejó los ladrillos y abrazó la política.

El que habló fue Néstor:

- Dejshí, pibe, ¿cuál es tu idea?

- Lo que decía, -intentó recapitular Sergio-, es que lo más probable es que si decimos algo concreto la gente nos va a sacar la ficha. Entonces tenemos que tirar un concepto medio difuso, cosa que los analistas se pierdan y nosotros podamos ganar tiempo para arreglar la salida.

El "pibe" miraba como 3 pares de ojos se clavaban sobre él. Todos estaban espectantes acerca de esa "salida" tan buscada, tan esperada, tan esquiva.

Sergio era el que estaba sentado más cerca de la ventana. De repente, el rictus de orgullo que se estaba dibujando en su rostro fué mutando hacia una nariz fruncida a la altura del tabique, acompañado por el repiqueteo de sus fosas nasales, las cuales se iban abriendo más y más. Mientras tanto, sus ojos seguín fijos en los grandes anteojos de Julio:

- ¿No sienten un olor raro? -preguntó Sergio.

- ¡Ya les dije que era gelatina, hijos de puta! ¡Gelatina! -se hizo cargo Julio.

- No -dijo Cristina, que fué la segunda en olisquear el vaho dulzón que venía desde la vereda-, Sergio habla de otra cosa. ¡Creo que es Aníbal!

En apenas unos instantes, todos los presentes percibieron de qué se trataba. Un efluvio procedente desde el rincón más místico del universo inundó el avejentado ambiente del bar, y anticipaba la entrada de una angel de grandes bigotes y voz gruesa, el cual entró volando por la ventana, esquivando un malvón triste que reposaba en una maceta.

Como si fuera un guacamayo amaestrado, se posó sobre el sifón de soda que estaba sobre la mesa. Miró a los presentes a los ojos, y chilló estridente, con un tono de voz que mezclaba al Coco Basile y LudovicaEsquirru:

- ¡Redistribución del Ingreso! ¡Redistribución del Ingreso! -tras lo cual se fué aleteando por un ventiluz que se perdía en lo alto del techo.

- ¡Grande, Aníbal! -gritaban todos a coro-. ¡Vos sí que sos un groso!

Sergio se dió cuenta de que, por haberle puesto tanto suspenso a su relato, había perdido la chance histórica de ganar un lugar en el corazón del peronismo. Pero sabía cuáles eran las reglas del juego: había que subirse al carro del vencedor.

- ¡Qué genio este Aníbal!

- Jshí, pibe, ejsh lo mejor que tenemojsh -afirmó orgulloso Néstor.

- Fumanchero, sí, pero un capo -aclaró Julio.

Sergio la miró a Crisitina, como esperando una continuidad en las declamaciones, pero ella sólo dedicaba sus ojos al vuelo fluido de Aníbal, que dejó una estela de plumas tornasoladas tras de sí.

Sin embargo, el joven multiuso quería sacar algo concreto de aquella situación que abrazaba lo fantástico:

- Estos encuentros están buenísimos, no me esperaba nada de lo que pasó -dijo Sergio, introduciendo su pregunta-. Ustedes, que hace rato que están en esto, ¿cómo los llaman?

- Reuniones de Gabinete -respondió Cristina, mientras esgrimía una sonrisa de confianza en su rostro y miraba fijamente a Sergio-, y quiero que te vayas acostumbrando.

lunes, 28 de julio de 2008

La Cañada del Duende Apasionado


Una tarde de sábado, hace algunos años, decidí que el clima estaba perfecto para salir a caminar, y recorrer las sierras. El paseo ameritaba unos mates, siempre y cuando pueda encontrar el lugar perfecto: al lado del río, a pleno Sol, y respirando ese airecito rico y fresco de la siesta.

Lo pasé a buscar a Gastón, pero el nabo estaba en boxer mirando un Barcelona-Real Madrid del año 97. Le insistí, bajo amenaza de contarle cómo había salido el partido: no me contestó, simplemente se tapó las orejas y empezó a gritar como si lo estuviera violando un elefante sin depilarse (un estupenda estrategia para no escuchar lo que el interlocutor expresa). Se había cubierto los ojos con las manos, así que tampoco me podía leer los labios. Y, para culminar, cerró la puerta de una patada.

Yo me quedé al lado de la puerta, y como el maldito sabía que en cuanto se callara yo iba a decirle el resultado, continuó gritando. Tiene buenos pulmones, Gastón. Como no quería seguir perdiendo tiempo, agarré un ladrillo colorado que encontré, y escribí en el frente de la casa con grandes letras rojas:

"ACORDATE QUE
GUARDIOLA SIEMPRE
FUE UN PUTAZO"

Más allá de mi fanatismo por Real Madrid, ese partido lo había visto (perdimos 3 a 0). Pero Guardiola se había portado como un putazo.

Seguí mi camino. En realidad no estaba muy lejos mi casa del posible destino de los mates: el lugar se llama "La Cañada del Duende Apasionado", un lugar que tomaba su nombre de una leyenda que contaban los indios (cuando había indios).

Decían que en esa cañada había un duende regordete, color borravino, que se había enamorado de una india flaquita, con el culo parado. El problema comenzó cuando la india no le dió bola al duende: la criatura se pasaba día y noche cantándole serenatas, lo que resultaba bastante molesto para el resto de la tribu. Para que el duende no siga rompiendo los huevos, la tribu ató a la india a un poste y se la dejaron regalada con moño. Pero un indio aprovechó la volada y se la llevó lejos del duende.

En sí, la leyenda dice que en ciertos momentos del día el duende se pone a cantar sus lamentos de amor, de ahí el nombre "La Cañada del Duende Apasionado". Porque los indios son nobles, y no le iban a poner "La Cañada del Duende Irritante", o "Desafinado". O "Hinchapelotas". No, los indios saben bastante de marketing turístico.

Yo venía con la mochila al hombro a paso acelerado por un caminito de piedras, en parte distraído por el paisaje, y también medio caliente por la actitud de Gastón. Llevaba una rama en mi mano para ayudarme a caminar, y cada tanto le surtía un varillazo a algo, ya sea un yuyo, una piedra, o algún pañal lleno de mierda que los turistas dejan al costado de los senderos para comunicarle al Universo que sus sonrientes y sonrojados bebitos gozan de buena salud intestinal.

Recordé la leyenda del duende borravino cuando le pegué un varillazo a una remolacha. No hay que ser un erudito verdulero para saber que las amarantáceas no gritan cuando se les pega con una rama:

- ¡Pará, che culiado! -Me aulló en correcto tono cordobés chuncano lo que yo pensaba que era una verdura.

Me quedé atónito mirando como a la remolacha le salían unas piernitas y unos bracitos diminutos, que le sirvieron para ponerse de pie, caminar hasta mi lado (mientras me trataba de "oligarca hijo de puta"), y recoger un pequeño sombrerito que parecía de juguete.

- Loco, respetame que soy un artista -me dijo, mientras apretaba los dientes con furia contenida.- En este país hay democracia para todos, menos para mí.

Contuve la respiración: la leyenda era cierta, y el Duende Apasionado existía de verdad. Creo que mi sorpresa fue mayor cuando me miró a los ojos y me preguntó si no había visto a una india por ahí. Ante mi negativa, insistió:

- ¿Estás seguro? Es flaquita, tiene el culito parado. Hermosa. ¿Seguro que no la viste?

Yo no quise desencantarlo, pero al parecer la leyenda era cierta, y la india se había alzado a la mierda. Así que me hice el boludo y saqué el mate, lo que precipitó hechos posteriores.

El mate estaba en el piso, y era muy gracioso verlo paradito arriba de una piedra tratando de alcanzar la bombilla. Lo que me llamó la atención es la cantidad de mate que consumía el duende, porque a pesar del tamaño se terminaba los mates en dos sorbos, y eso que no lo salteé ni una ronda. Pero mientras más mate tomaba, más desvariaba en sus comentarios.

Me contó la historia de la india. Su versión no se desviaba demasiado de la que los indios y las agencias de turismo habían armado, pero tenía un tono melancólico que la volvía aburrida. Según el duende, la india le tiraba onda: "Viste como son las minitas... te ven tocando la viola y alucinan" me confesó entre lágrimas. Y como yo no sabía de qué hablaba, lo dejé proseguir:

- Es una hija de puta, porque me hizo creer que se enamoraba de mi, y yo, que soy medio bonachón, medio pelotudo, le creí. Pero después no se bancan la vida de los artistas, y se van a la mierda.

Sacó un guitarrita chiquita, hecha con la cáscara de una nuez, que según él le había regalado un hippie. Cantó una canción que a mi me pareció de Lito Nebbia, pero yo estaba lejos de escucharlo atentamente. Tenía una voz bastante grave, y al mismo tiempo desafinaba como una Bandana improvisando "a capella".

Yo me distraía tratando de acordarme si en ese partido que Gastón estaba viendo el arquero del Barcelona había sido Vitor Bahía o algún otro. No me importaba tanto, porque de todos modos nunca llegamos al arco y encima nos colaron tres pepas, pero era más divertido que el duende llorón que tenía adelante.

No soy un desalmado, sin embargo coincidamos en que lo paranormal es sorprendente hasta que se pone a tomar mate con vos.

El duende se dió cuenta de que yo le estaba dando tanta pelota como la india. Seguramente hacía rato no charlaba con nadie, así que dió por terminada su historia. Ese final abrupto en su relato me puso incómodo, me sentía un poco culpable, así que le pregunté cómo se llamaba.

- Gastón -me contestó-. Me llamo Gastón.

- Como un amigo mío -le dije yo-.

- ¡Mirá vos que coincidencia! -me respondió- ¿Por qué no vino a tomar mates con vos? La tarde está bárbara.

- Porque se quedó viendo un clásico Barcelona-Real Madrid del año '97.

En ese momento me avivé de que quizás le hablaba de algo que no conocía: si no sabía que su amada india flaquita con el culo parado posiblemente llevaba 200 años muerta, menos iba a saber lo que era el fútbol. Pero me sorprendió la respuesta:

- Ganaron ellos 3 a 0, pero Guardiola jugó mal. -dijo, mientras a mi se me fruncía el culo de la emoción-. En realidad, Guardiola siempre fué un putazo -agregó.

Desde ese día suelo volver los fines de semana a charlar con Gastón (el duende). Lo que me preocupa es que en algunas cosas está medio perdido: dice que como peronista de toda la vida va a acompañar al General "hasta la muerte", o canta canciones de Fito Páez diciendo que son de él. Inclusive una tarde me aseguró que él había sido manager de Hermética, pero que se fué porque no se bancaba a ese "italiano facho y maricón de Iorio" (SIC). He comenzado a pensar que se hace el gil para atraer turistas.

Cuando se pasa de mate habla de la india flaquita de culito parado. Yo me aburro, pero se lo soporto, porque a los apasionados del fútbol como Gastón hay que aguantarlos siempre.

domingo, 6 de julio de 2008

Clima


En esta galaxia hay un silencio desparramado que no quiero salvar con una sola palabra, porque en el medio de todo aparece un sol verde que me ilumina sin querer, sólo por ser sol.

Más abajo el sol sonríe, y me pregunto qué estuvo haciendo mientras acá llovía, y capaz que sea la lluvia la culpable, nomás. Tal vez ese sol esté llovido como yo.

No sabía que atrás de la lluvia estaba el sol. Pero el sol no sabe un carajo, porque la lluvia (mía, suya, del sistema), y esos viceversas.

El sol habla y no creo ser el único que adora escuchar lo que dice. Debería apurarlo sólo para mí.

Pero no soy más que un pobre planeta, ¿con qué someto su gravedad?

Le voy a darme, yo, el planeta la tierra. Quizás le guste.

Y si no, buscaré una galaxia para él.

Pasa esto: soles hay pocos.

Planetas, muchos.

¿Habitables?

¡Epa!

lunes, 16 de junio de 2008

De como quise venderle mi alma al Diablo


- ¿Sabés lo que pasa? -me dijo el Diablo- Acá son todos unos pelotudos. Están enfermos. Imaginate que Dios ha matado más gente que yo, y sin embargo a él le siguen rezando. ¡Hay una operación de medios en mi contra!

No voy a decir que estoy de acuerdo, pero el tipo tenía un punto de vista bastante lúcido. Me lo había cruzado en la calle. Lo vi puteando a un remisero en la esquina de Chacabuco e Illia, y me acerqué a preguntarle qué le pasaba:

- ¿Qué me va a pasar? Estos remiseros de mierda... les limpio los vidrios y me quieren dar una moneda. Yo no necesito plata, soy el Diablo, quiero almas.

Me dejó estupefacto. Le pregunté si pedir un alma a cambio de limpiar los vidrios de un remis no era mucho. Después de mandarme al carajo, rumbeó para el lado de la Terminal. Lo seguí unos pasos (él iba puteando a Giacomino) y lo invité una café, para pedirle disculpas. Me observó un poco, me dijo que el cinto marrón no combinaba con los zapatos negros (sí, soy un asco para vestirme), y finalmente aceptó.

Apenas entramos al bar, los parroquianos nos miraron. Entonces el Diablo, mientras colgaba un gorrito de Talleres en el perchero, preguntó:

- ¿Qué miran pelotudos? ¿Acaso me tienen miedo?

- No. -respondieron los parroquianos- Lo que pasa que el flaco usa zapatos negros y cinto marrón... no combinan, ¿vió?

- ¿Viste? -dijo, mirándome- Los muchachos tienen razón.

Un viejo se quejó ante el mozo porque su submarino estaba frío. El Diablo metió un dedo incandescente en la tacita y se la calentó. Hizo el típico chiste ("Se calentó rápido porque me estuve rascando el culo, jajaja"), y se sentó.

- ¿Por qué no le pediste el alma a cambio de calentarle el café? -lo increpé, tratando de hacerlo sentir mal.

- Miralo a ese viejo -me respondió. Y retrucó:- ¿A vos te parece que vale algo el alma de ese gil? Estoy desesperado, pero no tanto...

Empezamos a charlar. Me contó que hacía como 1500 años que nadie le daba un alma a cambio de nada. Me dijo que la gente estaba muy amarreta y ya no codiciaba tanto. Yo le conté que era del interior, que estudiaba y trabajaba. Me preguntó si me gustaba la música, y le dije que sí. Abrió un bolso y sacó un disco de Leo Dan:

- Te lo cambio por tu alma - me dijo, mientras le brillaban los ojitos.

- No, gracias.

Insistió:- Mirá que es un discazo.

La verdad que me conmovió, así que le pregunté si no tenía algo de La Renga. Lanzó un escupitajo con olor a azufre contra el piso, y me dijo que no quería saber más nada con el "pelotudo" (sic) de Chizzo, que había puesto cualquier cosa, que si juntaba unos mangos se iba hasta Mataderos y lo cagaba a trompadas, y un montón de improperios más contra el rock y los peronistas.

Miró con tristeza una foto de Gardel enmarcada en la pared. Entre lágrimas cantó con cadencia canyengue los primeros versos de "El Día que me Quieras", y sopló los mocos en una rejilla engrasada que le alcanzó el mozo. Enseguida levantó la vista, tenía los ojos vidriosos. Yo no resistí:

- ¿Ha pensado en suicidarse?

- Sí, querido, lo he pensado. -dijo, mientras mordisqueaba la caja del disco de Leo Dan con la mandíbula temblorosa. Y agregó:- ¿Pero dónde voy a terminar? ¿En el cielo? ¡Ni a palos!

- ¿Qué ha pasado con el Infierno?

- Lo cerramos cuando privatizaron Gas del Estado. El Banco Social embargó todo, y después se fundió. Creo que ahora es de Angeloz... de Angeloz... de Angeloz... -repetía entre susurros mientras caminaba hasta el baño.

Respiró agitado en la puerta, como entre sollozos. Nunca había visto a nadie tan triste, nunca me había conmovido tanto. Me tomé el último sorbo de café mirando el retrato de Gardel: su sonrisa, esa mirada llena de picardía. La facha. Era fachero, Gardel. Iba a irme sin saludar, pero sinceramente quería ayudarlo. Entonces me cayó la ficha. Lo vi volver del baño levantándose la bragueta:

- Maestro, ¿puedo preguntarle algo más?

- Escuchame, pelotudo -me dijo con media sonrisa, mientras rascaba una mancha color caramelo pegoteada en el pantalón que antes de ir al baño no tenía- Si le preguntás a alguien "¿te puedo hacer una pregunta?", de hecho ya estás preguntando.

-Si, es cierto.

- Dale, decime pibe -agregó, y al mismo tiempo usaba los dientes para sacarse el pegote caramelo de las uñas.

- Yo le quiero dar mi alma.

- ¿En serio?

- Sí. -la tensión tornaba el aire irrespirable. Los parroquianos se habían callado y miraban expectantes- Se la cambio por un cinturón negro, o por unos zapatos marrones.

- No, flaco. No tengo. Gracias igual.

Y me fui caminando a casa, cabizbajo y triste. En mi cabeza daba vueltas esa frase que dice "donde hay una necesidad, hay un negocio". Pensé que quizás el Diablo no la conocía, e intenté volver a decírsela. Pero estaba cansado, y la gente miraba raro mi cinto marrón. Un poco de vergüenza me da, no voy a negarlo.

jueves, 29 de mayo de 2008

Infierno Personal


Sueño un sueño andariego, de esos que cansa caminar. Camino un cansancio prohibido, de esos que gusto soñar. Imagino un libro vendido, tres paredes sin techo, un frío cojudo que jode, aprieta, y manda sobre cosas que sobrepasan mi temperatura corporal.

Es un invierno pulgoso, hay cuatro ratas pelotudas que ni pelean por un pedazo tirado de pan: lo observan desde lejos, olisquean el aire, y después se miran entre ellas. Quizás algún día empiecen a cooperar, pero son ratas en sueños, y he decidido esta misma noche dejar de soñar. Sin embargo, son decisiones en sueños que sólo obedezco si me duermo, porque despierto me gusta soñar.

Si lo que pasa tiene nombres, es una enfermedad convencional. Elijo un vademécum antiguo, podrido, tan útil para nombrar. La soledad es como la gripe, llega con el frío, y se sufre peor en el verano (o sea, cuando nadie más la padece, la gripe es más gripal). Hoy que todos somos una patota de exquisitos engripados, nos reímos juntos de la diabetes, que es otra enfermedad. Aunque mis sueños sean complicados, comparten, en líneas generales, aspectos con el mundo real. Malas noticias, mis amigos: parece que la risa no es un Dristán. Tampoco preciso medicamentos, porque son sueños que no morirán en la escarcha.

Esta triste road movie atraviesa mi infierno personal: los fuegos eternos son brasas que curan la gripe, pero es un infierno de tránsito en el que no me puedo quedar. Lo privado no es eterno, es privado y nada más. El infierno compartido se congela, privándose de quemar.

La custodia al final del infierno está a cargo de una mujer que se parece a Angela Basset. Me guiña un ojo y me abre la puerta, sabe que las ratas y el frío se quedan atrás. Hay un infierno distinto adelante, y me encanta caminar.

domingo, 18 de mayo de 2008

Eslabones


Extrañamiento, Incertidumbre y Soledad, enfermedades (que no sean genéticas, por favor). Claro como un Big Bang, dos partículas corren entubadas hasta que un jugador de creación las hace chocar, de la nada emerge algo, algo tiene orden, el orden es caos, caos es todo, y puf...

Intentaron explicarme muchas veces que la educación es fundamental, y así lo creo: enseña lo que somos, si tenés ganas. Si sos insaciable, preguntás qué es lo que no hay y te ganaste un viaje en tren bala para ver tu propio futuro. Con los pies en la Tierra, volvés para retocar el plan, lo cual es una forma de alterar el futuro, y capaz que ahí cagaste. Pero vale la pena intentarlo, siempre.

En la escuela, hace mucho, escrito con un lápiz para dibujar en el margen de la hoja, dejé garabateadas mis palabras, separadas de las importantes para todos:

"El desvelo asalta sin avisos.
Sorprende.
Felicidad es elegir qué desvelo y nada más."

Al hombre contemporáneo lo asaltaron el muchacho finisecular y el anciano viejo como el futuro yacente tras de sí. Un rastro, eso es futuro: huellas hoy de eslabones posibles. Quiero elegir mi cadena. O ser feliz.

lunes, 12 de mayo de 2008

Amor Eterno


Juega con sus aros opacos mientras lo observa, como si cada fricción le devolviese el brillo perdido, como si cada mirada desnudara sus intenciones. Sus impaciencias descontrolaban su impaciencia, pero ya están grandes para esas peleas. Todo ella es elegancia, seguridad, glamour, y sin embargo le teme, desalineado, distante, casual. Cuidadosamente casual.

Él la ama, es capaz de todo por ella: si pudiese regalarle la luna, lo haría. Sabe que sus energías flaquean, es el momento que esperó siempre para decirle la verdad. Él piensa que ella no sabe nada. Ella sabe lo que él piensa, y lo deja hacerlo: no es la primera vez que se olvida que las mujeres siempre saben qué piensa quien pasa las noches a su lado.

Descubrieron que eran el uno para el otro desde el primer momento que se vieron. Ella, esa princesa universitaria, se le apareció de a partes. Él, alto y desgarbado, no podía creer lo que veía (sus ojos ya le habían jugado malas pasadas). De a poco se instaló comodamente en su corazón para nunca más salir. Ella lo había estado esperando, impaciente, como siempre, como ahora. Secretamente.

La tardecita es el marco del paisaje en este lujoso rincón de la ciudad. El río está de frente a este hombre sentado, el sol a su espalda, detrás de una pared. Si la pared no estuviese, ella sería iluminada por la tenue luz crepuscular, que delataría su rostro duro de cansancio y seguridad. Él también tiene miedo, tantos años de mentiras, tanto por perder, todo por amor. Ella permanece de pie mientras disfruta de cada pequeña instancia de poder, confundiéndose con el cielo de una noche despejada que llega de a poco. Va a escuchar eso que tanto ansía, pero esta vez de boca de él. Un escritorio austero los separa.

Él se pone de pié y camina hasta ella."Mi princesa ya tiene arrugas", piensa, con una media sonrisa que le da fuerzas para revelarle ese secreto que hace años lo atormenta, que revelará que todo el edificio de su jurado amor eterno está edificado sobre un engaño. Ella lo espera, lo conoce bien, sabe que para hablar de sí tarda una eternidad. Con un último esfuerzo, completa esa media sonrisa, demostrándole que pase lo que pase ella siempre estará a su lado.

El misterio se rompe:

- Kristina, quería decirte algo que quizás te vaya a doler: en realidad no soy peronista, me gusta mucho la guita y la usura, y los montoneros me parecen unos buscapleitos roñosos.

- Néstor, ya me había dado cuenta - responde ella, y lo abraza entre lágrimas.

- ¿No estás enojada? ¿Todavía me querés?

- Claro que te quiero, tontito.

Conmovido, recapitula: tanto tiempo, tanta gente que ya no está, tanto esfuerzo por simular una lucha inclaudicable contra el capital. Las preguntas se arremolinan en su cabeza, él esperaba una derrota, pero aquí está ella, junto a él, a pesar de tener todo el poder para decidir sin remordimientos. Aprovecha un momento de claridad:

- Si lo sabías ¿por qué te dejaste engañar?

- Porque me vuelven loca tus ojitos, mi amor.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Chicos, chicos: ¡Volvió Peter Capusotto!


En esto de andar a caballo entre lo que a uno le pasa y lo que nos sucede a todos, me veo en el ineludible compromiso de traerles una buena noticia: volvió Peter Capusotto y sus videos a la pantalla de Canal 7. La "televisión pública" (que en el interior del pais se ve por cable, grrr) nuevamente pone al aire este excelente ciclo de humor, protagonizado por Diego Capusotto, con guiones de Pedro Saborido.

Dentro de las paupérrimas propuestas televisivas dentro de la grillas de la TV argentina, lo de Capusotto es una forma de devolverle al rock esa irreverencia que fue quedando atrás a medida que el fenómeno se despegaba de su origen. Hacer lo que uno tiene ganas es bastante difícil en la vida ordinaria, ni que hablar en la tele: el programa desacraliza cualquier dogma del género, se rie del rock y de los rockeros, y allí radica su verdadera inteligencia, su brillo único, su inestimable homenaje.


El fenómeno nació en Rock&PopTV, luego pasó a Canal 7. Pero fue en internet donde explotó de una manera increíble, a tal punto que uno de sus personajes, POMELO, fué telonero de Soda Stereo (acá el video que recibía a los espectadores en el recital del regreso) y artista del año según la revista Rolling Stone.

¿Qué podía hacer este humildísimo blog? Dejarlos con "Daisy May Queen", un segmento que pudo verse en el primer programa del ciclo 2008 (por las dudas, va los lunes a las 23 por Canal 7, pero siempre hay alguien que al toque lo levanta en YouTube).

jueves, 1 de mayo de 2008

Una tarde llena de recuerdos


Mil veces hizo el camino de los arbolitos, con otros motivos. Fue de picnic cuando era niño junto a sus amiguitos del colegio, llevando en su mochila sandwichs y jugo en un adorable termo con la anaranjada cara de Garfield. De adolescente lo recorrió junto a su primer noviecita, de la mano, escuchando a los pajaritos cantar como querubines, olisqueando cardos con aroma a rosas, sonriendo como un pelotudo, con la billetera explotando de forros. Hoy sonríe menos. Cosas de la edad y la circunstancia. Sin embargo es feliz.

Al costado del camino hay un pequeño claro escondido por unos arbustos. Atravesándolo está el arroyo, sin mucho caudal pero ruidoso. Con sus amiguitos del colegio chapotearon esas aguas para refrescar las calurosas tardes de muchos veranos. El arroyo bullanguero amortiguó los jadeos de su primer noviecita cuando ambos se iniciaron en los embistes del amor. En este momento es como una fresca sinfonía en medio del caos cotidiano, casi un oasis para alguien que cumple órdenes. Apenas faltan unos pocos pasos para llegar. Los disfruta caminando lentamente.

Aquella mochila de Garfield ya no existe, y en la billetera sólo lleva dinero porque su mujer toma anticonceptivos. Además no usa tarjetas ni carga encima nada que pueda identificarlo o rastrearlo: en el trabajo son exigentes, previenen cada posibilidad de error. En cambio acarrea un pesado bolso negro, sin marcas. Se detiene y comienza el ritual.

Al correr el cierre y meter la mano toca el frio metal de la escopeta. Hay gente que se pone sensible ante la consumación de un asesinato, creen que es una injusticia. Pero si ésta debe ajustarse a reglas hechas por hombres que le mandan a matar, hay una disonancia que se repara a los tiros. Él es el hombre perfecto para esta empresa, para este trabajo.

¿Cómo hay gente que comete esos errores? ¿Cómo es posible que el abogado del testigo clave deje su custodia policial sólo para ir a pasar un rato en el arroyo? Hay días tan complicados en este trabajo: persecuciones, vigilantes, cámaras de seguridad, blindajes, perros. Sin embargo, hoy es una buena tarde, ni siquiera hay alguien que pueda escuchar el disparo. Piensa en que a la vuelta le comprará flores a su esposa y unos bombones a la nena, o quizás una mochila de Garfield, igual a la que él tenía. Pero ahora hay que dejar el camino, cruzar los arbustos, atravezar el claro y gatillar.

Nunca olvida la cara de sus víctimas, pero está será una postal especial: el chispazo de la escopeta, el chamuscón en el pecho, la roja nube de sangre, el hermoso paisaje al fondo, y en primer plano la mueca infeliz de todos los muertos. Esos ojos abiertos, esa mandíbula desencajada.

Esas ganas de revivirlo para matarlo tantas veces como recorrió ese camino.

Es un romántico de la muerte: aunque sabe que habrá otros trabajos, esta tarde será inolvidable, maravillosa, llena de recuerdos.

lunes, 28 de abril de 2008

Fiesta Rumble Rockabilly!


Si te preguntan "¿vamos a ver unas bandas de rockabilly?", pueden pasar tres cosas, en tres momentos:

Primero, ignorar qué es el rockabilly, o que tener una idea bastante limitada al respecto.

Segundo, conociendo algo, imaginar un rejunte de nabos nostálgicos que se reúnen para reconfortarse en una melancolía absurda, casi como si fueran oficiales retirados del ejército que encolumnan su arcaísmo en aquella sentencia que reza "todo tiempo pasado fue mejor".

Tercero, superando la ignorancia del primer momento y los prejuicios del segundo, encontrar una movida ajena a la falsa nostalgia, llena de vitalidad y energía, como si el optimismo no se hubiera muerto nunca.


Es cierto, existen algunos clichés (en los peinados, en la ropa, etc.) y la instrumentación musical es una cuestión religiosa, pero sirve para transportarnos a ese momento histórico germinal del rock. Guarda, tampoco es que te cierran la puerta en la cara si no tenés jopo: el clima es super distendido, todo vale porque volver a ese lugar de los '50 es encontrarse con todo por hacer, con una juventud rebelde a lo James Dean, alocada y huérfana de líderes, que explota de vitalidad. Además, ¿quién puede decir que lo que hacen estos muchachos sea viejo?

Tres bandas, los cordobeses (crédito -a sola firma- local) de Los Bastidores (un baterista que toca parado, ¡guau!), "Motorama" desde Buenos Aires, y los geniales "The Broken Toys", rosarigasinos para ver una y mil veces más (video de ellos al final del post).

Ok, ahora sabés que cuando te inviten a una fiesta rockabilly la única respuesta posible es "sí"... ah, a mi no me importa demasiado, pero se puede bailar.
(¡Gracias Nacho Guzmán!)


sábado, 26 de abril de 2008

Ecuación 2


Voy a ser escueto: ¡Estos son cambios!

Ahora sí los argentinos verán un incremento en su nivel de vida, y ya no habrá nadie que ponga palos en la rueda del carro de las negociaciones con todos los sectores del pais.

Se acabaron las injusticias... ¡Viva la Revolución!

lunes, 21 de abril de 2008

Modelo de Carta de Odio

Amigos de "El Chivo por las Bolas": este lugar en la web quiere buscar su posición dentro de los "blogs de servicios" (si esa categoría existe), para lo cual pone a su disposición una carta-modelo de odio. La intención es que sus destinatarios puedan ser hombres ó mujeres: usted solamente debe cambiar el encabezado por el nombre de la persona (repito, hombre ó mujer, no importa... lo que importa es odiarlo/a). Les aviso que puede ser un poco subida de tono para su gusto, pero eso es lo bueno: NO TIENE QUE GUSTARLE, sólo envíela. Déjenme hacer el trabajo sucio.


Bueno, aquí va:

---------- O ----------

__________(colocar en el espacio precedente el nombre del destinatario)

Montón despreciable de despojos de buitre, te escribo con el único fin de cagarme en vos y si es necesario en tus muertos también. Quizás te sorprenda recibir una carta mía, pero ya no podía contener todo el odio que siento por tu execrable persona. Podría simplemente buscarte y romperte la cabeza con un martillo, pero sería hacerle un favor a tu familia (a la cual odio también). Es un misterio: habiendo tantos abortos, te tocó vivir, y cruzarte en mi vida, que era maravillosa hasta que vos, basura, apareciste.

Yendo al grano: ¿no te das cuenta que provocás asco? ¿De que das vergüenza ajena? ¿De que si alguien pudiese elegir entre darte la mano o untarse con bosta, elegiría lo segundo? Lamentablemente nunca tengo esa posibilidad: cuando camino por la calle y se asoma tu desagradable cara (con esa mueca vomitiva que es tu horrorosa sonrisa), preferiría profanar mi sagrado upite con un buzón de Correo Argentino, pero aún insistís en saludarme. Y siento una descompostura tal que no puedo insultarte como merecerías. Incluso ahora, mientras escribo, siento una poderosa conmoción que me acerca más a la diarrea que a terminar estas líneas.

En serio, ¿no te das cuenta que das asco? Porque ahora que lo pienso, si además de ser una fea montaña de heces tenés tan poca percepción, la vida ha sido demasiado generosa contigo. Sos como un grano en el culo, como una gastritis crónica, como un cáncer fulminante. Y encima, como no te alcanza con tu enfermedad, le ponés ganas a ese feo vicio de creer que alguien puede, de buena gana, compartir 25 segundos con vos.

Y tu familia, ¡Dios mío! ¿Cómo no salir tan desagradable? ¿Viste a tu familia? Tus padres son dos deformes bolas de mocos con el cerebro conservado en pus. ¿Tus tíos? Monigotes con cara de chancro sifilítico. Y a tus tías se les nota la cara de insatisfacción (es lógico, deben tener la concha que parece un repulgue de tarta de aceite). Tus hermanos y primos son tan insufribles como viajar 2.000 Km en un FIAT 147 con todo el Coro Kennedy... ¡cantando!

Arrantrándote por un poco de cariño, mendigando una mirada de compasión. Apuntás a la bajeza para no errarle, pero fallás porque no tenés talento ni siquiera para eso. Si alguien te dijese que te deslizás como una babosa, te está halagando... porque lo único que te sale (como buen pedazo de mierda que sos) es quedarte pegado en la suela de las zapatillas. Y despedir un olor nauseabundo, por cierto.

Tu muerte no vale vale ni siquiera el esfuerzo de asesinarte. Hacele un favor al mundo y cortate las venas en una bañera de agua tibia. Ojo, valés menos que el filo del cuchillo, pero algún sacrificio habrá que hacer.

Recordar tu cara me provoca arcadas. Y al resto del mundo también. Matate.

(Y acá va su firma) ____________

---------- O ----------


Espero les sea de utilidad.

Próximamente intentaré hacer un modelo para enviar a colectivos humanos (empresas, ONG's, Coro Kennedy, etc.) dado que ésta es en puro singular. Si hay algún error, por favor avisen: esto lo hago por el bien de todos.

viernes, 18 de abril de 2008

Réplica de un guionista

Para quién no lo sepa (siempre hay alguien), en Estados Unidos fué emitido un capítulo de Los Simpsons donde se considera al gobierno del General como una dictadura militar en la cual se hacían desaparecer personas. Para los dormidos:



Obviamente, hubo reacciones adversas, principalmente del peronismo más ortodoxo. Sin entrar en consideraciones personales acerca de la veracidad que debe ofrecer una ficción, CQC salió al cruce de la polémica con una parodia de "Sucesos Argentinos", que pueden ver a continuación:



Crítica de la Argentina (disculpen que insista con publicar material de este diario, pero es realmente bueno) ubicó a Al Jean, guionista de Los Simpsons, para preguntarle que opinaba al respecto. Jean dió una respuesta concreta: "No vamos a descansar hasta que hayamos agraviado a cada país del planeta". Celebro desde este modesto blog al señor Al Jean, y le entrego el premio "mejor respuesta a un planteo pelotudo". Y viva Perón , qué carajo.

jueves, 17 de abril de 2008

Excusas


Hoy estaba escuchando una noticia que me dejó estupefacto: parece que hay un grupo de científicos que necesitó justificar su beca, y salieron a decir que en realidad el Titanic se hundió porque tenía "remaches de mala calidad". Les dejo un extracto:

"Los astillero irlandeses, quizás empujados por las prisas, elaboraron la mayoría de los tres millones de remaches que sujetaban la estructura del barco en acero de baja calidad, lo que pudo acelerar el hundimiento del barco en 1912 y evitar que muchas de las más de 1500 víctimas pudiesen salvarse, según el diario estadounidense New York Times".

A ver si se entiende: ¿El Titanic SE HIZO MIERDA CONTRA UN ICEBERG, y le echan la culpa a los bulones? Quizás solamente están tratando de impresionar a sus novias, o de tener un poco de prensa, lo cual no estaría mal. Ahora bien, si lo dicen en serio, da ganas de contarles las pecas a puñetazos.

¿Para qué andar con excusas? No digo que los hechos no tengan causas o explicaciones, pero es bastante imbécil colocar algo lateral en el lugar de lo central (como por ejemplo la calidad de los remaches, en vez de pegarse un tremendo palo contra un puto peñasco de hielo), y especular con eso sobre la historia de lo que pudo haber sido. La multicausalidad existe, no lo niego, pero de ahí a arriesgar que se podrían haber salvado más personas es una necedad, teniendo en cuenta que conocemos el descenlace.

Ensayemos algunas otra excusas, para ponernos a la altura de la ciencia:

- Te gastás la guita destinada a impuestos y servicios del mes en una orgía monumental con dieciseis travestis paraguayos y ocho cajones de anís "8 Hermanos", como no tenés más dinero te vas haciendo el boludo, y pasás a engrosar la lista de deudores judicializados. Podrías argumentar que "era un día de mucho frío, entré al bar y una cosa llevó a la otra", " al principio pensé que eran minas las que me pedían que les banque unos tragos, y yo soy muy caballero", "como el anís es medio dulzón no te das cuenta lo que tomás, y una vez mamado, embalás y no te para nadie", pero también puede andar el ya consabido "en este país de mierda, cuando la pasás bien, todo el mundo te quiere cagar".

- No estudiás ni la mitad de lo que deberías para un exámen y te reprueban. Excusas posibles: "lo que pasa es que justo me preguntaron lo que no sabía", "a esta altura del año uno está muy distraido", o bien "ese profesor es un hijo de puta que reprueba a todo el mundo".

- Te cruzás con Mike Tyson por la calle, le decís "negro hijo de puta", y Mike te baja todos los dientes a golpes. Se me ocurre que podrías excusarte diciendo "es porque le dije NEGRO, por ahí si sólo le decía hijo de puta no pasaba nada", ó "me hizo mierda porque me agarró mal parado", o porqué no "lo que pasa es que me impresioné porque era Mike Tyson, que si fuese 'La Mole' Moli lo reventaba".

Amigos, las excusas son inútiles e innecesarias, y si alguien las cree es porque elige hacerlo. Igual que la mentira, tiene recorrido corto, y SE NOTA MUCHO. Pero al mismo tiempo, este blog apoya a todos aquellos que utlizan excusas increíbles, bizarras y absurdas: por ahí son la única forma de soportar lo que sucede... es más, este post es una excusa para atacar solapadamente a las ciencias duras, debido al rechazo que sufrimos constantemente quienes practicamos disciplinas sociales... Bueno, todos sabemos que la palabra "disciplina" también es una excusa.

lunes, 14 de abril de 2008

Sol sobre la húmeda memoria


Ni limpia ni sucia, es una mesa y punto. Con una mancha negra, seca, similar a las que muestran los psicólogos de las películas norteamericanas al psicópata de turno. La rasco suavemente con la uña, y me devuelve una imagen de la tarde lluviosa de ayer. Pero "ayer" no se limita a las últimas veinticuatro horas, tiene límites difusos en la memoria, tiene paredes llenas de humedad, y los recuerdos son como el agua, irrespetuosos. La corriente trae besos mojados de felicidad, diques al borde de una vereda sin cordón cuneta, barro con goles festejados a lo Rambert.

Pienso en Noé después del Diluvio Universal, conciente de que tras el Sol viene la lluvia... qué cagado debe haber estado cuando veía una nubecita. Esos son traumas. Armar el mundo de nuevo, que todo vuelva a tener nombre e identidad, conlleva amenazas latentes. El riesgo es que todo se vaya de vuelta.

Mancha informe, construyo significantes para no limpiarla, otros significantes con menos nostalgia, pero es inútil. Me gustaría mirar hacia atrás y sonreir. Cuesta aceptar que el pasado de esta casa-mi-alma sea feliz y el presente ni un pálido reflejo. Pienso que esta mesa solía estar limpia, y esta casa no tenía goteras. Ya no hay tiempo que perder.

Demiurgo de mi pasión, amanezco un Sol abrasador para secar la humedad. Quiero caminar el pasto verde de los jardines fértiles, y de noche ver las estrellas dibujar figuras luminosas. Cada reflejo una idea, cada pena un desafío, cada sonrisa el alimento necesario.

Cada ojo un nuevo estallido, otro Big Bang. Intimidarse ante el Sol es tenerle miedo a la alegría. Si la lluvia vuelve a mojarte de felicidad, vale la pena.


domingo, 13 de abril de 2008

Bella Italia


La verdad que las elecciones en Italia dan para todo. A un sistema electoral tramposo, ideado para mantener el caos en el seno del poder, hay que sumarle la corrupción estructural y la indecisión coyuntural. Pero en el medio de semejante despelote, se asoma una luz de esperanza... que alumbra el culo de Milly D'Abbraccio: "Basta de políticos con cara de culo", podría resumirse su propuesta.

En medio de la campaña, los carteles de esta porno-star no pasaron desapercibidos. Yo tengo ciudadanía italiana, pero no puedo votar a Milly porque pertenezco a otra circunscripción. Ahora bien, puedo empezar a apoyarla mirando algo de su inquietante filmografía (¿vieron que los títulos de las películas porno siempre dan risa, no importa en que idioma estén?).

jueves, 10 de abril de 2008

Marionetas


Guillermo tiene esas costumbres:

- Hay que llegar elegantemente tarde - me dijo.

Es contraproducente para mi paranoia: si uno llega tarde, sobre todo si lo hace con estilo, es víctima de más miradas ajenas que si llegase temprano. Mientras más tarde sea, más gente habrá en el lugar. Pero así son las amistades, cada cual cede un poco en pro del grupo. Suerte que conocen las consecuencias y no abandonan, estos son amigos.

Lo que importaba es que Andrés nos llevaba al cumpleaños de alguien que no conocíamos, una agradable señorita llamada Gabriela. Habíamos sido indirectamente invitados, por lo cual, camino al evento, nos preguntábamos qué cuestión lo motivaba. No lo indirecto, claro, sino la invitación. El plan era arrancar en el departamento de Gabriela, y después, dejarse llevar por el viento nocturno. Pero la brisa sibilante de la noche en pañales tenía un aliento a fernet que mataba.

No puedo evitar reirme con Guillermo. No puedo hacer que no ría. Así empezamos, y el techo no llega nunca, es una espiral de provocaciones que podrían destruir la moral de muchos. Los dos sabemos que si hay mucha gente mirando nuestra llegada voy a buscar el rincón más lejano de cualquier parte, y alli me quedaré, evitando que cualquiera pueda fijarse en mi. Y Guillermo me hace creer que se sienta al lado mio para hacerme compañía, pero en realidad está más cagado que yo. Andrés es socialmente práctico, se relaciona con todo el mundo y chau. Aparte, es el cumpleaños de su amiga, a alguien más que nosotros tiene que conocer. Es más es su deber alejarse antes de que sea demasiado tarde.


Con Guillermo hacemos un dúo patético: parecemos los viejos de los Muppets, sentados en un rincón, juzgando lo que sucede con el pesimismo de los cobardes que se acompañan. Bien de ancianos achacosos con olor a bolas. Miro mujeres y le pregunto qué opina, pero no respeta mi visión. Andrés es la Rana René.

Con un poco de fernet, empezamos a reirnos de nosotros, y nos proponemos tratar de parecer interesantes perdiendo la mirada en el vacío, especulando acerca de la satisfacción sexual de alguno de los presentes, inclusive planeando cuánto tiempo sería necesario para ponerse en bolas y pisotear los canapés en una fiebre frenética de strip-dance sobre la mesa. Cuando empiezo a imaginar un Guillermo sudado, con el agua chorreándole por el cuerpo al ritmo de Joe Cocker, llega la hora de partir: enderezamos la nave en función del "viento del fernet", y partimos.

La situación allí no varía demasiado, es más, con el cambio de aire la sangre se oxigena y el cerebro descalabrado previamente continúa su viaje loco. Los boliches, para peor, acentúan el cinismo, y la presencia del fernet es vital para seguir. No es de caballeros abandonar a las distinguidas damas presentes en la mitad de la noche. Necesitamos poner el control en manos de del único marionetero presente, y el fernet es uno, disponible.

Conozco mi límite de alcohol: cuando estoy medio borracho, llega el "no tomo más", siendo la primer sana opción detener el consumo y esperar el sueño de los héroes. Pero existe una peligrosa segunda alternativa, que consiste en continuar bebiendo. No soy muy resistente al alcohol, por lo que mi organismo desarrolla un mecanismo que consiste en desactivar el sentido del gusto. Y mucho fernet pasa como nada. Y las damas nos abandonan a nosotros porque ya no somos caballeros. Y nosotros redirigimos nuestros pasos a lugares que salvaguarden nuestra elegancia. Hasta el titiritero se cansa.

¿Dónde terminar la noche si en los antros nos rechazan? Cañada y San Juan, muzzarela y cerveza, Andrés, Guillermo y yo. Dos Viejos Pelotudos y la Rana René. Morder banquina y al pasto. Lamentablemente, el resto de los Muppets no sabe divertirse como nosotros, que nos reimos como locos, hasta que se me pasa el pedo, vuelvo a mi casa en colectivo, y caigo en la cuenta de que esa chica se fué sola y yo también. Y de que todos nos fuimos solos. Y de que, después de todo, los Muppets son títeres que para animarse necesitan que le metan un brazo en el culo. Ya cambiaré. El próximo fernet.

lunes, 7 de abril de 2008

Medios


Sé que a muchos de ustedes no les gusta que publique cosas que no son mías, pero igualmente lo voy a hacer (citando siempre de dónde lo saco, obviamente). Hay muchas cosas para leer, y compartir lo que consumo como lector me parece que es también compartir lo que soy. Además, postear lo que hacen otros es reconocer su trabajo.

No hace falta, creo, que les cuente quién es Jorge Lanata. La gente que me conoce desde hace mucho saben que lo admiro. Puedo criticar muchas cosas de Lanata, y ustedes también, acá o donde quieran. La relación entre Kirchner, Clarín, y los medios en Argentina, por ahí no son sus tópicos predilectos. Si pueden disfrutar del artículo que les dejo, háganlo, a pesar de lo que cuente. Por ahí, un artículo bien escrito (como éste) ayuda a entender cosas acerca de temas que antes no nos interesaban. Ayuda a entender qué somos, cómo estamos y hacia dónde vamos.

Nada de extractos: vayan y lean.

viernes, 4 de abril de 2008

Ecologismo a los pedos


Queridos hermanos: cuando uno quiere buscar inspiración, generalmente apela a lo majestuoso, a algo fuera de lo normal, a aquellos hechos que marcan la diferencia entre un ser humano común y alguien que es protagonista de su destino. Comienza por revisitar a Julio César y la invasión de las Galias, va hacia atrás indagando los movimientos del cartaginés Aníbal Barca y su paquidérmico cruce de los Alpes, se transporta hasta el siglo XX e imagina un soldado del Ejército Rojo resistiendo a los nazis y al frío en las puertas de Moscú. Hoy la batalla se desarrolla fuera del plano de la conquista militar.

En lo que a mi respecta, creo que el heroísmo es una mística innecesaria que soslaya lo más importante que tiene cada hombre y mujer sobre este planeta: la normalidad. ¿Por qué no puedo pensar que Julio César era un romano como tantos otros? ¿O que el hijo de Amílcar Barca y hermano de Asdrúbal no necesitaba comer y dormir? ¿O que el pobre ruso cagado de frío, enbondiolado en un uniforme soviético, esquivando artillería del fascismo alemán, no necesitaba tirarse un pedo? He arribado al punto que quería tratar.

Debo decirles, queridos hermanos, que el planeta está en peligro. Está en juego nuestra homeostásis, nuestro lazo natural con el mundo: hemos sacado más de lo que nos corresponde. Por nuestro bien y el de nuestros hijos, estamos obligados a tomar decisiones concretas para retornar al patrón del equilibrio. Y la acción sobre el mundo debe partir de la cotidianeidad de las pequeñas cosas. Amigos: es necesario dejar de reprimir las flatulencias. Nuestros fragantes ocotes serán los vectores del cambio.

Tirarse un pedo es el más maravilloso acto de libertad que un hombre puede hacer, es gritar a los cuatro vientos "¡yo sí puedo!", es devolverle a la madre tierra parte de lo que nos dió. Acciones como limpiar pingüinos empetrolados, enfrentarse a una pala mecánica que desforesta un bosque nativo con una pancarta, o colgarse de un buque nipón repleto de furiosos samurais balleneros, son acciones dignas sólo para aquellos cobardes que necesitan sentirse importantes siguiendo las convenciones de la manada. Nosotros, los hombres libres del mundo, los que resistimos estoicamente la pacatería burguesa, firmamos nuestros actos con una ruidosa y olorosa marca personal: nuestro culo es una birome, el mundo un papel, y el pedo un autógrafo que dice "querido planeta Tierra, yo te amo". ¡A la mierda con Greenpeace! Y digo esto porque tirarse un pedo es el ecologismo más honesto, es asegurar sin pompas la continuidad del reciclaje natural. Hermano, el mundo es generoso contigo, devuélvele lo que te ha dado.

Algunos pusilánimes podrán cuestionar lo que digo. Seguramente dirán que bien puede uno cagarse en soledad. Esas lacras reprimidas intentan intimidarnos, quieren hacernos creer que debemos cubrir nuestra lucha con el manto del pudor. Al mismo tiempo, intentarán hacernos sentir como parias, olisquearán el aire con la nariz funcida y los ojos lacrimosos, dirán que somos asquerosos... ¡Bárbaros, no han entendido nada! ¿Hasta cuando se guardarán lo que no es suyo? A esas basuras les digo que he tomado una decisión: voy devorarme una olla de guiso, y después de eso saldré a la calle a ofrecerle al mundo el mejor de los conciertos, la más maravillosa música que sus oidos registren. Iré casa por casa, oficina por oficina, fábrica por fábrica, dejando a mi paso mi más hondo clamor, sellando con el planeta la alianza más esperada: el compromiso del hombre por un mundo más equilibrado.

Amigos, háganle un favor al planeta: tiren pedos por todas partes. Tiren pedos en las plazas, en las peatonales, en el transporte público, en los jardines de infantes, en los hogares de ancianos, en la terapias intensivas, en los restaurantes, en las casas de sus amigos, en las camas de sus novias. A las mujeres les digo basta de pedos tímidos, basta de mejillas sonrojadas: a los hombres de verdad nos encanta compartir cosas, sentimos cada pedo como un homenaje, un "aquí estoy junto a tí, amor mío, compartiendo tu lucha".

Para despedirme los dejo con uno de nuestros videos educativos: "El Pedo y el Arte. Continuidad y Ruptura". No puedo revelar la identidad de este artista, pero puedo asegurarles que tiene una sólida formación de conservatorio. Recuerden: esta lucha la hacemos entre todos.

jueves, 3 de abril de 2008

Cuasi


En la edición digital de hoy del diario Crítica de la Argentina se publica una nota de opinión de Martín Caparrós acerca del discurso de Kristina. Bueno, mejor sería decir que Caparrós opina sobre la utilización de la expresión "mensaje cuasi mafioso" para referirse a un dibujo de Hermenegildo Sábat publicado en Clarín. Antes señala algunas contradicciones de la Jefa Espiritual de la Nación.

Unos extractos:


"Lo que realmente me mató fue cuando dijo que el dibujo de Menchi Sábat era un “mensaje cuasi mafioso”. Le juro que le di vueltas, señora: ¿Cómo es ser cuasi mafioso? ¿Es como ser un poco virgen? ¿Ligeramente muerto? ¿Bastante robado?"

"Así hablan muchos argentinos, y así funciona mucho en su gobierno. No quieren decir lo que quieren decir o quieren decir lo que no quieren decir o tienen miedo de que no los entiendan o tienen miedo de que los entiendan y entonces cuasi dicen. Pero lo peor es que cuasi hacen: hacen pero no terminan de hacer, o hacen distinto."



Caparrós, además de tener un bigote inolvidable, es uno de los mejores escritores argentinos contemporáneos, y posee una larga trayectoria en el periodismo. Se rumorea que está por dejar la sub dirección del Crítica Digital, pero eso es harina de otro costal.

martes, 1 de abril de 2008

Héroes


Hace frío y estoy lejos de casa.
Hace tiempo que estoy sentado sobre esta piedra.
Yo me pregunto
Para qué sirven las guerras
Tengo un cohete en mi pantalón
Vos estás tan fría como la nieve a mi alrededor
Vos estás tan blanca, que yo no se que hacer
La otra noche te esperé
bajo la lluvia dos horas
Mil horas como un perro
Y cuando llegaste me miraste
y me dijiste loco
Estás mojado, ya no te quiero
En el circo vos ya sos una estrella
Una estrella roja que todo se lo imagina
Si te preguntan, vos no me conocías
No, no
Tengo un cohete en mi pantalón
Vos estás tan fría como la nieve a mi alrededor
Vos estás tan blanca, que yo no se que hacer
Te esperé bajo la lluvia
No, no, no, no
La otra noche te esperé
bajo la lluvia dos horas
Mil horas como un perro
Y cuando llegaste me miraste
y me dijiste loco
Estás mojado, ya no te quiero
La otra noche te esperé
bajo la lluvia dos horas
Mil horas como un perro
Y cuando llegaste me miraste
y me dijiste loco
Estás mojado, ya no te quiero

(¿Sorpresa?)

Ecuación


Muchachos del Disco: está bien, reconozco que hay desabastecimiento, lo que conlleva que su fin social se vaya extinguiendo, pero regalarle el logo a CTI Móvil para pegarle una lavada de cara a la empresa me parece extremista. ¿Quedó Claro?

miércoles, 26 de marzo de 2008

Memoria de Siglos


Lo único que tengo claro con el tema del campo es que no me gustaría ser socio de un tipo que se lleva la mitad de mis ganancias sin compartir los costos. El esquema distributivo de Argentina es una reforma pendiente: desconociendo la profundidad del asunto, me parece que habría que buscar alternativas más equitativas. Expoliar a un sector con el fin de hacer crecer un supervit inmóvil no es redistribución del ingreso, un un carísimo sommier. El ¿modelo? económico actual es bastante ineficiente para solucionar los problemas de fondo y coyuntura. Habría que estudiar el tema de manera comparada, quizás así entendería un poco más.

Ahora, música para incentivar su bronca, amados ruralistas-web. (¡Acá la letra!)



Kristina, Louis Vuitton no fabrica gorros frigios.

lunes, 24 de marzo de 2008

Lollypop


Antes de salir de casa robé tres chupetines del frasco de caramelos. Con chicle, los chupetines. Mi papá los acumula, hace unos meses compró una bolsa de cien, pero creo que todavía no comió ninguno: tiene alma de kioskero. Previendo aceptación y rechazo, eran los tres de gustos distintos: si querían chupetines les convidaba, y si no querían, no me aburría del mismo gusto.

Iba a lo de Melisa, hacía mucho tiempo que no la veía. De camino pasé a buscar a Andrés. El primero de los chupetines ya estaba en mi boca. Con gusto a uva, dice el envoltorio, pero a mi se me antojó frambuesa. Nunca comí una frambuesa, así que es el gusto industrial, como el sabor a naranja de los bubaloo, que desencanta si uno comió naranjas reales antes. Andrés rechazó el suyo, parece que ni las manzanas ni las frutillas.

Cuando llegamos a lo de Melisa, ella desdeñó el de color verde y se burló de Andrés: "querías frutilla", le dijo, creyendo que su malicia era la del comensal que se sirve la última pata de pollo mientras sobra ensalada. Pero Andrés reclama mate. El envoltorio plástico del chupetín de frutilla me servía para jugar, mientras Melisa escuchaba interesada detalles nada jugosos acerca de lo irreversible de la vida, quevachaché.

Yo había tirado el envoltorio del chupetín de uva. No muerdo los chupetines, así que mientras tomaba mate el mío parecía en mi mano el vestigio (púrpura) de una varita mágica que perdió su poder. No lo iba a tirar, estaba rica la uva industrial. Además el chicle. La vista abajo, yo hablaba. Con el envoltorio rojo disfrazaba a mi dedo índice de Caperucita Roja, mientras reseñaba al Lobo, al Leñador y a la Abuelita. En mi historia, el Bosque no era escenario, sino el personaje principal.

Enrollado, el envoltorio era la alfombra voladora, y el chupetín de uva la misma varita (púrpura) hecha Genio. En mi historia, Aladino estafaba turistas japoneses, y la Princesa creía ser feliz con él en Marbella. Los tres deseos se le habían cumplido a Jafar, estamos en Argentina. La lámpara se la choreaban, pero no importa porque estoy hablando de Arabia, y el envoltorio del chupetín de Melisa se rompió un franja.

Los detalles se sucedían como una confesión. Melisa sabe escuchar, como nadie. El relato avanzaba cuando se caían los árboles del bosque. Melisa entendía, Andrés corría los troncos. De la mano de Melisa, Arabia no estaba tan seca, y Andrés barre la arena tomando mate porque la duna no nos dejó ver el bosque.

Volví al chupetín de uva, mastiqué el chicle y jugué un rato con los restos de caramelo pegajoso que quedaban en el envoltorio rojo. El leñador le vació dos cartuchos a Aladino y a la Princesa (a él por sorete y a ella por estúpida), pero extraña al lobo que mató porque esa fué la única vez que se sintió más allá de su propósito. Jafar se funde porque deseó dinero pero no un contador honesto, y trabaja en un parripollo que puso el Genio viudo con plata heredada de la Abuelita seducida por magia muerta. También se roban la alfombra voladora, nuestra última alegría. Caperucita empezó el secundario, embarazada. Coincidencias.

- El mundo es un pañuelo - dijo Melisa.

- Un papel de chupetín... - le digo yo - le falta una parte, anuncia algo que tiene de manera artificial, sólo le quedan fragmentos de lo que solía ser, y si no tenés cuidado terminás pegado...

Se ríen, los dos.

Y agrego: - Ah... y si te fijás bien, quedan marcadas en el plástico las huellas de los dobleces que tuvo, mostrándonos que alguna vez un extremo del envoltorio se juntó con otro.

La comparación forzada es obviamente estúpida, no debería exagerar ante mis amigos. ¿Cuando uno se vuelve viejo y poco interesante siempre espeta insolencias?

Las historias dan hambre y matear lava el estómago, vamos a comprar criollos. Metáfora para otro momento. La calle salva del ridículo.

jueves, 20 de marzo de 2008

Indio Reflexivo


Por algunos días no voy a publicar, y como ésta es una época de reflexión (y, además, estoy vago) los dejo con una entrevista a Carlos "El Indio" Solari publicada en revista Rolling Stone en el 2004. Voy a poner sólo dos párrafos de una entrevista extensa, pero si a alguien le piden en la escuela que haga un trabajo práctico sobre el tema "lucidez", debe leer la nota completa.


"El carácter civilizatorio de la industria del espectáculo es impresionante. Todos los criterios de los formadores de opinión están unidos a la industria del espectáculo. Si los artistas no se hacen cargo de eso, no se va a hacer cargo nadie. No quiero estandarizar la importancia del trabajo; estoy diciendo que tiene que haber de todo, que no debe prosperar la liviandad como canon excluyente. El arte es un arma muy importante para transmitir emociones. Y dedicarla simplemente al entretenimiento... No sé, a mí no me seduce mucho la idea de entretener a la gente mientras la vida pasa."

"Supongo que una sociedad en que la biotecnología logró cosas significativas, en la que los conocimientos lograron cambios, estará acompañada de otro tipo de música. Las tecnologías traen en sus propios nervios las catástrofes. Chernobyl, los virus informáticos... Tienen una vida muy parecida a la de los imperios. Y traen a su vez movimientos culturales que también tienen su momento de crecimiento, apogeo y decadencia. Estamos en un proceso histórico decadente, y el imperio hace lo que puede."


Un poco de paranoia, egocentrismo, crítica, opinión vinculando arte, política, economía y vanguardias de manera sólida, profunda y transversal.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Interiores


Sé las causas, por eso no entiendo que no quiera morir. Le hago el favor de ajustarle la soga en el cuello, de atarla firme al tirante, de patearle el banquito, y el desgraciado no quiere morir. En este lugar todos saben quién soy, qué hice, qué estoy haciendo acá adentro.

Araño el margen de la hoja con un lápiz, como si el hábito de retorno a las lecturas anteriores existiese. Tengo una letra traidora, pero la entiendo. Escribo sensaciones, hablo mal de gente que leo por primera vez. Como si ellos tuviesen la culpa. Como si la agonía del que se ahorcó al lado fuese de otro. Como si el ahorcado no me comprometiese. No hay crímenes limpios.

Un refugio imposible, la soledad. Tras la habitación enfrentaría al mundo. Dejé un tendal hasta llegar acá. La pieza, la puerta, el pasillo, demasiado grandes y pesados, no les puedo dar pelea. Mis dedos manchan carbón en la hoja, ansiosos. Quisiera salir, pero estoy pequeño. Y este libro retomado infinitamente nunca sabe igual, la idea que me extravió la mirada es distinta. Ya no vale el manchón ilegible.

Alguien abre la puerta de al lado, a carcajadas. El ahorcado pide que no se burlen de él. Ni de mí. Entiendo al burlón, y dibujo una media sonrisa mirando al espejo. Su propósito es desdramatizar. Y es ingenioso el hijo de puta. El ahorcado se ríe, lo escucho pedir ayuda: la soga aprieta mucho. Este libro ya no sirve.

Me calzo las zapatillas y abro la puerta. El ahorcado siempre fué el más sabio entre nosotros: me agradece el esfuerzo, pero me explica que no se puede matar lo que no muere. El burlón es el creativo: me pide que me vaya por un tiempo, que entre todos van a acomodar las cosas. Después de todo, no somos sólo nosotros tres. Un lindo lugar para vivir, pero no con este desastre.

Soy el más resuelto, un asesino valiente. Vuelvo a la habitación, corro las cortinas y observo el paisaje del fin del mundo: es más caluroso de lo que imaginaba. El arquitecto puso un hotel antes de terminar la historia, para pensar dos veces. Abro la ventana, el aire corre suave. No sé a dónde voy, pero no necesito equipaje. Un salto al vacío, elegante: nunca me caigo, soy un pensamiento que flota en el espacio. El viento decide: sólo él vive realmente.

Cada tanto, me gusta volver a ese lugar.

lunes, 17 de marzo de 2008

Naranjas

La observo en mi mano: podría decir que su tamaño respeta el promedio entre las de su especie, aunque ha de saberse que existen diferentes variedades. Más grandes, más chicas, con colores que van desde el anaranjado al rojizo, una naranja descansa en mi mano.

La compré esta mañana, necesitado de dulzura y algo que acelere mi ritmo intestinal. Sé que no es demasiado agradable hablar del tema, pero tengo tránsito lento. Generalmente lo resuelvo con cantidades colosales de mate dulce con peperina, pero estos últimos días la temperatura se tornó insoportablemente calurosa. Hoy no pude soportar más mi malestar.

Transpiré las dos cuadras que me separan de la verdulería esquivando mierda de perro. Les envidio el estoicismo con el que manejan su fisiología: sólo cagan cuando llegan al espacio verde adecuado. Mientras dejan caer las heces, transmiten una sensación de renacimiento interior, de recuperación majestuosa del yo canino. Nunca reniegan ni se exceden en tiempo, sólo el necesario, y están listos para volver a casa. Mueven la cola.

En momentos de onda congoja, uno no quiere que nadie advierta cual es el origen de su mal. En la verdulería comencé a comprar artículos varios con el fin de ocultar mis torpes intestinos. Pero los verduleros tienen ojo clínico y manejan el lenguaje corporal con transparencia: te dejan saber que ellos conocen tu dolor, que tienen el poder necesario para evadirte de tus aflicciones. Que sólo ellos pueden ayudarte.

- ¿Tenés naranjas para jugo, Elvio? – pregunté al verdulero, mientras esbozaba una mueca que pretendía ser una sonrisa.

Asintió, devolviendo una mirada cómplice como sólo un verdulero que reconoce un malestar intestinal puede hacerlo.

- ¿Cuánto vas a llevar? – me preguntó.

- Dame un kilo – le dije, con las rojas venas de mis ojos a punto de explotar.

Me las embolsó con maestría profesional. Guiñándome un ojo me dijo: “Tomá una más, de yapa”. Casi lo beso como a una heroína de telenovela, el final de mis angustias estaba próximo.

Ahora, en la tarde ardiente, observando la última naranja que me vendió Elvio, recuerdo mi amarga desazón tras partir al medio la primera de aquellas frutas. El cuchillo temblando en mi mano era el único testigo de la cruel burla: la naranja estaba más seca que mis tripas. Me sentía estafado, engañado. La repetición de los cortes confirmó la crudeza de la situación: todas las naranjas yacían sobre mi mesada partidas al medio, exponiendo su amarillenta sequedad. Un crimen evidente: Elvio, mi verdulero de confianza, el sacerdote de mi íntima religión, había cometido mala praxis.

Preparé mi venganza con la furia de un siciliano y la frialdad de un filósofo danés, posiblemente Kierkegaard. Seguramente Kierkegaard no hubiese planeado una venganza por tan poca cosa, pero no creo que el talentoso Soren haya tenido tanto ardor en sus daneses intestinos. Pensar en el frío de los países nórdicos terminó de darle forma al desquite.

Camino lenta pero firmemente hacia la batalla, mientras miro la congelada naranja. Cuatro horas pasaron desde que coloqué la fruta en el freezer, suficientes para endurecer la herramienta del desagravio.

Elvio está en el frente de su negocio, de espaldas a la calle: son las cinco de la tarde, recién abre. Revisando un cajón de pimientos rojos seguramente urde una nueva estafa a algún desprevenido cliente, quizás también otro seco de vientre con buena fe necesitado de una solución como yo. Pero no hay moros en la costa, hace demasiado calor para estar en la calle. Desde la vereda opuesta, oculto convenientemente tras unos arbustos, calculo la parábola en el aire. “Vas a cagar”, pienso. Felicito mi ocurrencia.

Con su impune frialdad vuela la naranja brillante, reflejando el sol abrasador que presencia impotente la consumación de un acto de justicia terrenal. El eco del golpe resuena en toda la cuadra. No hay lugar para apelaciones: fue un tiro perfecto. Los gajos congelados se desparraman en el frente del local, alrededor del cuerpo desvanecido.

Saboreo el vértigo del éxito al hallar un paisaje que parece una postal mafiosa. El adversario abatido está desparramado sobre un montón de pimientos colorados, que se me antojan coágulos. Pero nada de sangre para ver, sólo hay frutas, verduras y un cuerpo derrumbado. Cuando se recupere del desmayo verá el cartel que colgué del cajón de las naranjas antes de huir cobardemente: “de yapa”, reza, contundente.